La política industrial latinoamericana sobrevive disfrazada
Tesis
La política industrial de América Latina se está rehaciendo bajo dos presiones simultáneas, la coerción hemisférica y el realineamiento electoral, sobre unas trampas estructurales que no se han movido. El riesgo en las transiciones verde y digital es la reprimarización: el mineral sale de la región sin procesar, y ahora también la electricidad limpia. Los gobiernos responden con política industrial bajo otros nombres, y ni el alineamiento con Washington ni el hedging han conseguido todavía el margen para ejercerla.
El Babbage Forum me pidió la parte latinoamericana de su sesión inaugural, dedicada al contexto global. La pregunta que orientó mi intervención fue si un año de presión de Washington, y de victorias de la derecha en las urnas, había puesto fin al regreso de la región a la política industrial.
Siete elecciones desde octubre de 2025 han dado la victoria a la derecha; la octava, la segunda vuelta en Brasil, será el 25 de octubre. Washington acompañó cada resultado en pocas semanas: una declaración sobre minerales críticos con Chile un día después de la investidura, un memorando sobre minerales con Colombia a los 32 días, una línea de financiación del Tesoro estadounidense para Argentina seis días antes de sus elecciones legislativas. La mayoría de los instrumentos heredados por los nuevos gobiernos siguió en pie. Chile mantuvo su modelo de litio liderado por el Estado, y Argentina mantuvo el RIGI mientras su Senado debate una versión ampliada para IA, centros de datos y refinado de cobre.
Por debajo de la política, las trampas no se han movido. El producto por trabajador cayó por debajo de la media mundial en 2016 y está estancado desde entonces. La industria manufacturera ha perdido peso en el PIB, de Chile a Brasil. La cuota de China en las exportaciones de la región pasó del 2% al 13% entre 2000 y 2024, y las cinco mayores exportaciones a China son todas materias primas.
Las transiciones verde y digital debían ofrecer una salida. Hasta ahora apuntan a la reprimarización. Todos quieren la refinería y nadie la está construyendo: Brasil posee cerca de una cuarta parte de las reservas mundiales de grafito y de tierras raras y aporta una fracción mínima de su producción. La electricidad limpia va por el mismo camino. Vendida a los centros de datos como un factor de producción más, se convierte en la próxima exportación en bruto de la región; el proyecto de ley Redata, en Brasil, es hasta ahora el intento más claro de imponerle condiciones.
Los gobiernos han respondido con política industrial bajo otros nombres. El giro a la derecha cambió el vocabulario (estabilidad fiscal, agilización de permisos, aranceles con un relato de contenido nacional) más que la selectividad: el 95% del valor comprometido en el RIGI argentino corresponde a minería e hidrocarburos. Solo Brasil conservó el nombre, con 300.000 millones de reales de financiación del BNDES aprobados para Nova Indústria Brasil.
Queda la elección que describí en un artículo reciente en CEBRI-Revista como la de los crustáceos: alinearse con Washington o hacer hedging. El alineamiento ha conseguido alivio arancelario sin exención, y el hedging mantiene abierto el mercado chino. Ambos han conseguido acuerdos sobre minerales. Ninguno ha conseguido todavía margen para la política industrial, y las condiciones en que alguno podría lograrlo son lo que los responsables políticos de la región tienen ahora que resolver.
Escrita con Claude Opus 5.5; revisada y validada por el autor.